A LOS QUE VIAJAN

 

FRAGMENTOS DE UN VIAJE INTERIOR

Sobre mi mesa están las fotos de “quienes viajan por carretera”, llenas de espacios extraños, fantasmales, pero también de miradas perdidas y cuerpos que esperan. Son imágenes de tiempos muertos: la espera, el espacio vacío, el intersticio, la elipsis, los momentos en los que uno deja de ser; o mejor, los momentos en que realmente se encuentra con el ser.

Vivimos en una sociedad que ha eliminado los tiempos de espera. Una sociedad en la que todo tiene que suceder ya mismo, sin demora, sin dilación. Es el tiempo hipermoderno, como escribió Lipovetsky, acelerado e incluso desvanecido. Más allá incluso del instante. Porque, al eliminar el tiempo, todo es sucesión continua en la que nada se para, nada se pausa. El mundo se convierte en un continuum acelerado.

Han muerto los tiempos muertos, los tiempos de la espera, de la demora, los tiempos en los que, como sugiere Byung-Chul Han, uno se encuentra consigo mismo. Y eso son, precisamente, los tiempos que parecen reflejar las fotografías de Mar Sáez. Tiempos expandidos, extendidos, instantes eternos, que densifican la experiencia. Mar Sáez nos hace tocar el tiempo del viaje, ese tiempo que para muchos es un tiempo perdido. En sus fotografías, el tiempo muerto, la elipsis, el intersticio, se convierte en el verdadero lugar de la experiencia. Y es que ahí, en el “entre-dos”, en el umbral, es en realidad donde todo sucede. Un lugar invisible que en estas fotos se muestra como un espacio habitable.

Miro las fotografías y creo que yo también busco esos tiempos muertos. Pienso en las miradas perdidas, en el viaje detenido y, por alguna razón, me asalta la incertidumbre. Allí, en esos ojos extraviados, el sujeto está consigo mismo, absorto, “ensimismado”. Pero al mismo tiempo, en esos momentos, el sujeto también experimenta la pérdida, la sensación de no estar en ningún lugar, de habitar un espacio de incertidumbre. La sensación de que todo puede ocurrir, que todo puede cambiar para siempre. Esas miradas me hacen pensar en “instantes de peligro”, en momentos decisivos en los que la vida puede tomar otro rumbo y uno puede convertirse en alguien diferente del que es. Mi vida está llena de esos momentos. Observo las fotografías y mi cabeza se llena de recuerdos de esos instantes.

Miguel Ángel Hernández